Durante este semestre, muchos han sido los alumnos de diferentes carreras en este campus que han decidido ir a otros países. En LAD no hay excepción. Los alumnos Diego Alcocer, Mariana Lira y Diana Valdez se fueron de intercambio a Tailandia desde el mes de enero, y nos cuentan un poco sobre su experiencia en este viaje tan enriquecedor.

Los muchachos comentan que la razón por la cual eligieron Tailandia es que deseaban viajar al otro lado del mundo, conocer la cultura, tradiciones y biodiversidad de un país tan exótico como Tailandia.

Para los alumnos, el lenguaje ha sido un desafío terrible pues el tailandés es muy distinto a cualquier otro del mundo.  Es muy raro encontrar a alguien que hable inglés o español en Tailandia, así que Mariana, Diana y Diego se comunican por medio de dibujos y señas. Esto les ha permitido superar el obstáculo de la lengua y los ha llevado muy lejos.

Koh Tao es una isla famosa por su actividad de buceo y snorkeling. Ahí se encuentra Nang Yuan, una de las playas más hermosas de todo el mundo. El trío tuvo la oportunidad de visitar este paraíso y conocer a los locales, que son muy amables. Los precios también eran muy accesibles y es un lugar para distraerse y relajarse un rato, comenta Diego.

Una anécdota que nos compartieron es que, al llegar a Tailandia, se toparon con un amigo que llevaba tiempo en Asia, y les dijo que buscaran una playa para ir un fin de semana. Después de una breve búsqueda en internet, dieron con un hostal en Pattaya; en el cual hicieron reservación.

Cuando llegaron, se dieron cuenta que Pattaya en realidad era una playa muy sucia y que estaba llena de extranjeros retirados buscando novia tailandesa. Al final del día no se arrepienten de nada pues su estancia en Pattaya les aportó mucho.

Sin embargo, su experiencia más memorable es aquella que tuvieron recientemente con los monjes novicios del templo de Wat Yan Na Sang Ra Ram en Chonburi. Se trató de dar clases a estos jóvenes de entre 8 y 14 años en inglés con la ayuda de dos traductoras por si hubiera algún niño que tuviera dudas. Lo que más les costó fue acoplarse a las reglas del templo, pues, por ejemplo, las mujeres no podían tener contacto físico con los monjes, así que tenían que moverse de forma cuidadosa. El contenido de la clase tuvo que ver con cómo dibujar el rostro humano, temática que seleccionaron Mariana, Diego y Diana; al pensar que iba a ser benéfico para las habilidades de los niños y fácil de entender para la hora en la que iban a trabajar con ellos. Lo mejor de todo, dice Diego, es que pudieron impartir conocimientos a los monjes con ayuda de sus amigos tailandeses.

Al final, concluyeron que el viaje les enseñó a moverse en un país donde es muy difícil que te entiendan por la lengua, y también a empezar a ver todo por uno mismo: cocinar, administrarse, ir al hospital solo, etc. Ciertamente hicieron muchas amistades y, sobre todo, aprendieron más sobre el lado positivo del mundo.

Un viaje no es un logro cualquiera y por parte del Tecnológico mandamos una amplia felicitación a Mariana, Diana y Diego por atreverse a tomar esta aventura.

Fotografías de Diego Alcocer Manrique.

Por. Paulina Leal Herrera

06/04/2017
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