Miguel Jaramillo Luján, colombiano consultor y asesor en comunicación política y de gobierno, impartió el 9 de febrero de 2017 la conferencia Medellín: 24 años después de Pablo Escobar a estudiantes del Campus Querétaro. En esta ponencia se presentó todo lo que concierne al proyecto de reconstrucción del tejido social después de la muerte del narcotraficante colombiano Pablo Escobar.

Pablo Escobar fue un narcotraficante peculiar pues tuvo un fuerte proyecto para debilitar las instituciones colombianas y engrandecer su propia figura, todo esto porque tenía el deseo de convertirse en Presidente de Colombia. Esto creó diversas guerras frontales entre el estado de Colombia y las fuerzas del narcotraficante, y entre diferentes cárteles, derivando en muertes y el consecuente rompimiento del tejido social. Medellín, al estar cerca del lugar de nacimiento y de operaciones de Escobar, fue la ciudad más afectada por estos conflictos

Esto implicó que la línea entre lo legal y lo institucional se desdibujara, llegando al caso en que las acciones de Pablo Escobar eran consideradas legales y el gobierno de Colombia, considerado ilegal. Escobar logró esto con fuertes acciones de solidaridad y ayuda social hacia la gente, consiguiendo la lealtad y el apoyo del pueblo de Medellín. Además, al causar terror entre la sociedad, Escobar limitó la capacidad de acción del estado. A la muerte del narcotraficante, esta situación perduró, a lo que fue necesario un fuerte proyecto de reconstrucción del tejido social.

La base del proyecto, de acuerdo a Jaramillo, fue la apropiación del espacio público, de lo cual, lo más importante no es la habilitación de la infraestructura, sino crear un sentido de pertenencia y orgullo. La idea es que, si la gente se involucra directamente en el mejoramiento del espacio que ellos mismo ocupan, se creará una nueva cohesión social para construir nuevas instituciones. Para esto, los habitantes fueron los propios protagonistas de la reconstrucción de su ciudad, a través de diversos proyectos de urbanismo.

De esta manera, los medellinenses resignificaron su propio destino, cambiando el miedo por la esperanza. Esto también implicó resignificar la relación entre los ciudadanos y el gobierno, haciendo que el último transcendiera las limitantes de los cambios de administración gubernamental por una continuación del proyecto de reconstrucción, empoderando, de esta forma, a los habitantes, quienes ahora tienen una actitud más activa hacia su comunidad. Al final de cuentas, cabe destacar, es el cambio de actitud la que posibilitó la reconstrucción de Medellín.

Al concluir la ponencia, Jaramillo enfatizó la importancia de crear nuevas historias en la sociedad, lo cual significa que el proyecto necesitó, y necesita, una fuerte campaña de comunicación social. Se trata de que Medellín deje de ser referenciado al Cártel de Medellín y mejor pensar en el nuevo Medellín, una ciudad con futuro, con gente que quiere salir adelante, horrada y honesta. El cambio de Medellín no habría sido posible, implica Jaramillo, si la gente no resignifica su propia vida.

Por Humberto Ramírez Vázquez

 

17/02/2017
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