Juan Manuel Ungson, candidato a graduarse de la carrera de Negocios Internacionales (LIN) realizó un viaje a China en el período agosto – diciembre del año pasado. Durante este semestre, estudió en la Ningbo University, ubicada en la ciudad de Ningbo, Zhejiang. El objetivo principal de su visita a China, además de cursar las materias debidas, fue aprender mandarín y conocer la cultura china.

Ningbo University es de las mejores universidades del país, contando con un alto nivel de demanda estudiantil y de participación con instituciones nacionales e internacionales. “A diferencia de Beijing o Hong Kong, que son ciudades que constantemente tienen contacto con personas alrededor del mundo, Ningbo es una ciudad menos cosmopolita que las anteriormente mencionadas”, cuenta Juan Manuel. Debido a esto, se enfrentó a diferentes desafíos, como las grandes diferencias culturales (como el lenguaje, la comida, el estilo de vida) que ahora son experiencias gratas que le han llevado a maravillarse por la cultura china.

Juan Manuel relata que al llegar a China lo que más le sorprendió fue la gran diferencia que éste país presenta ante culturas como las de América o Europa, principalmente por la manera en que los medios occidentales lo presentan, que no podría estar más lejos de la realidad. “En Ningbo, debido a que es una ciudad con un contexto no muy internacional, el inglés no es un idioma que predomine, por lo que al principio se me dificultó comunicarme. A pesar de que sabía un poco de mandarín, en el sur de China, casi cada provincia tiene su propio dialecto y acento, lo cual no me facilitó mucho las cosas.”
Sin embargo, tras varias semanas de perder su tren, no traer el suficiente dinero y ser víctima de la impaciencia de algunos chinos, logró adaptarse parcialmente a Ningbo, al menos lo suficiente para aprender a vivir ahí y disfrutar del resto del tiempo que le quedaba en la ciudad.

Juan Manuel dice no tener una experiencia favorita sobre su viaje a China. Logró conocer la cultura del país a fondo, deleitarse con paisajes por horas, asombrarse de la especialmente estrecha relación entre las personas y la tecnología, y del ambiente que se creaba al ser de los pocos extranjeros dentro de la ciudad.
Entre todas sus anécdotas destacan dos: Una en la que, cuenta él, viajó por 17 horas en un tren en el cual se veían unos paisajes extraordinarios, que convirtieron su largo viaje en una grata jornada de inolvidables escenas; la segunda anécdota habla sobre cómo los chinos se sorprendían al ver a un extranjero en los trenes o simplemente en la ciudad, y que alguna vez, en un tren, un valiente chino que sabía algo de inglés le preguntó por su procedencia, y empezaron a tomarle fotos y videos mientras él repartía monedas mexicanas a quienes le escuchaban, dejándolos maravillados con el dinero extranjero.

El resultado de toda esta experiencia lo llevó a pensar que a México todavía le queda un gran camino por recorrer, y que nuestro país podría ser más eficiente si se desarrollara en ámbitos que, a su parecer, definen a la cultura China, como la tecnología, la cual, ahí es accesible hasta para el negocio más pequeño y sencillo, de forma tal que pueda encontrarse conectado para hacer más eficientes las compras de sus clientes, o la practicidad, ya que siempre buscan la manera de moverse rápidamente, pero de la mejor manera posible y a pesar del gran número de personas que ahí viven. Existe un orden en ese caos que los vuelve prácticos y los hace avanzar rápidamente.

A pesar de que China se le ha hecho un país rico en cultura y aprendizajes, Juan Manuel concluye que no hay ningún lugar como aquél del cual él proviene, capaz de crear el ameno ambiente, dar la calidez y asemejar la alegría de un buen mexicano.

Samantha Pasaye (LIN)

02/12/2016
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