La participación es un proceso vinculado con características culturales que surge en las comunidades, cuando distintos grupos sociales se enfrentan a una necesidad común (Livington, 2004). Desde hace aproximadamente tres décadas la participación ciudadana se considera un requisito para iniciativas gubernamentales o la aplicación de programas de vivienda y mejoras barriales. Estos procesos aplican distintas metodologías para extraer el conocimiento popular.

Sin embargo, aún existen diferencias entre la forma de actuar de la sociedad y la que parte de instituciones, entre los procesos espontáneos  y los que se imponen desde arriba (Salingaros,2006): los primeros incurren necesariamente en un proceso de ajuste cultural y los segundos tienden a minimizar el papel de la sociedad en la construcción del proyecto.

Las comunidades han tenido, histórica y tradicionalmente, un papel activo y fundamental en la conformación del hábitat; papel que se ha perdido a raíz de ciertas prácticas urbanas y arquitectónicas, que han considerado al diseñador como la única figura que pueda tener la solución adecuada para un problema de diseño. (Biondi, 2008)

La participación va más allá de la posibilidad de revisar y cuestionar un proyecto; participación significa tener el poder de influir en las decisiones fundamentales y en la concepción misma del proyecto. Así mismo, permite un mejor conocimiento de la realidad y le permite a los implicados tener poder en la toma de decisiones que transforman a su comunidad, así como contribuir a la educación cívica de los ciudadanos y fortalecer las organizaciones sociales.

Con la participación activa e involucramiento en el diseño, los habitantes empiezan a identificarse y a apropiarse del espacio habitado, al mismo tiempo que les genera un mayor compromiso y responsabilidad para la modificación del mismo. La participación de la comunidad es un derecho y, al mismo tiempo, un deber que conlleva responsabilidades y requiere de cambios en las actitudes de todos los actores del proceso de diseño: diseñadores, ciudadanos e instituciones. (Biondi,2008).

El ejercicio consiste en un acto democrático, es decir, convierte a los habitantes en verdaderos ciudadanos protagonistas de las decisiones y de los cambios, al pasar de ser únicamente observadores pasivos a pro­motores activos para la consecución de espacios y servicios públicos en beneficio de toda la comunidad. En este sentido los ciudadanos colaboran trazando y exigiendo a las autoridades propuestas congruentes con las idiosincrasias locales de la zona a tratar, y no esperando que éstas re­suelvan unidireccionalmente problemas, para jamás estar satisfechos ni apropiarse de dichas soluciones.

En este marco, entendemos la participación ciudadana en el diseño como un proceso en el cual se contraponen ideas e intereses de distintos actores, que necesitan ser empatadas en la búsqueda de respuestas para el mejoramiento o creación del espacio que comparten. La heterogeneidad de actores y contextos implica una complejidad en la aproximación a los conflictos y la determinación de acciones, para lo cual se requieren herramientas metodológicas adecuadas.

Ejemplo de este ejercicio de participación y del cambio de paradigma que está viviendo la Ciudad de Querétaro se encuentra el proyecto de #YoParticipoQro liderado por estudiantes de la Maestría en Arquitectura y Nuevo Urbanismo del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro, que se encuentran trabajando en el Centro Histórico de nuestra ciudad y organizaron su último taller con duración de cuatro días del 15 al 18 de mayo en las oficinas del Patronato del Centro Histórico con la finalidad de que todos diseñemos nuestra comunidad.

 

Angélica Valera Aldana es colaboradora de la cátedra de investigación de Nuevo Urbanismo en México del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.

24/06/2014
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