Saliendo de una junta de maestros, me pidió un artículo de colaboración para Identidad Campus Querétaro uno de los integrantes de la Academia. Le contesté que ya tenía el artículo en borrador; y efectivamente ya lo tengo, solo que me enfrento a la difícil tarea de plasmar en tinta formal las ideas, dado que no soy un escritor más bien un escribano.

Me dijo que lo necesitaba a tiempo para publicarlo, y es sobre el tiempo y las medidas que en esta ocasión pensé escribir.
Dos de mis estudiantes, bastante estudiosos; estaban dilucidando si una persona era o no “bonita”, (prefiero no definir género para evitar conflictos), las descripciones anatómicas eran muy particulares, y al escuchar esto, me surgió una pregunta ¿sería representativo dar detalles en 35.57/23.71/35.57 pulgadas con una estatura de 2.09 varas? Ya sé mis amigos científicos, para eso existen los acuerdos de las unidades internacionales de medición, pero permítanme que reflexionemos sobre otro punto.

Hoy estamos habituados a pensar en metros, kilos, litros; pero si alguno de ustedes ha tenido que vivir o estar en un país anglosajón las medidas que persisten son: yarda, milla, galón; en parte por orgullo y parte por las ventajas que les significaron durante los siglos XIX y XX sobre todo en los territorios ocupados de Asia y África. Todo esto lo “imponía”¿…ne…? el más poderoso militarmente, después, el más poderoso económicamente. Es en el comercio donde encontramos otra particularidad, por ejemplo en los establecimientos de la época porfirista, donde se realizaba la compra venta de telas una era la vara de compra al por mayor y otra muy diferente la vara de venta al por menor; y eso era correcto y aceptado ya que los comerciantes eran poco dados a tener una “lap o un iPad2” ni a calcular porcentajes y sus ganancias eran precisamente la diferencia de las varas, el precio se consideraba algo más estable que las medidas.

Esta situación era especialmente penosa para las clases no letradas tanto por su menor nivel adquisitivo como por sus relaciones de dependencia, esto llevó a diversas demandas sociales.

No fue sino hasta que un histórico personaje que dijo “la inteligencia del hombre se mide de su cabeza al cielo”; cuando recién nombrado primer cónsul  firma el decreto el 10 de diciembre de 1799 y determina la longitud exacta del metro del latín metrum que significa medida, y su propósito de servir de referencia universal. Cuando ¿la tierra era todo el universo?

Años más tarde el fervor científico quiso también tener una base y la buscó en la medida del propio planeta tierra, la diezmillonésima parte de un cuadrante de meridiano terrestre, esto es, de la distancia entre el Polo y el Ecuador.
“A fines del siglo XVIII el metro no era visto como una vara de medir más, siempre se tuvo en cuenta que era el fruto de una Revolución y como tal, se consideró políticamente peligroso”, dice José Antonio de Lorenzo.

La definición de metro ha sufrido cambios desde su implantación hace más de 200 años. Primero se referenció al meridiano terrestre, hace años se estudiaba como la longitud marcada en un lingote de platino conservado en Francia. En los años 1960 se definió más científica y fácilmente “un metro es igual a 1650763.73 veces la longitud de onda en el vacio de la radiación de transición entre los niveles 2p10 y 5d del átomo de kriptón 86”. Desde 1983 tenemos una nueva definición oficial “un metro es a 299;792,458ava parte de la distancia que recorre un rayo de luz en el vacío durante un segundo”.

Con toda esta carga histórica, estudios científicos realizados, y no sabemos cuántos más se den en  este nuevo presente; nos encontramos que en la vida cotidiana actual persisten viejos sistemas de medidas. Tallas: chica, mediana, grande, extra grande, unitalla. Tamaños: hipo, chico, mediano, grande, individual, familiar, mega, híper, súper. Contenidos: normal, giga, light, heavy, doble, súper extra. ¡santas precisiones…! diría un personaje de historieta.

No obstante toda esta precisión subyace siempre un elemento de distorsión. La definición del metro teniendo en cuenta la velocidad de la luz puede parecer inmutable, pero no ocurre lo mismo con la parte de referencia final, que me he permitido poner en negritas.

Un segundo definido como la 86,400ava parte del tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta sobre su eje. Pues resulta que la velocidad de rotación terrestre varía con el tiempo; la gravedad lunar va frenando lentamente a nuestro planeta, por lo que el día es un poquito más largo cada vez; a esto hay que adicionar conceptos de: tiempo aire, tiempo real, de tiempo web que la tecnología ha requerido o ideado. Pero con toda esta ciencia del siglo XXI tenemos la necesidad de ajustar nuestra imprecisión en febrero de cada cuatro años; necesidad que los sabios Mayas no  tuvieron.

Pero tengamos calma no es para desgarrar vestiduras, solamente la invitación a estar con la imaginación dispuesta y la mente abierta a las necesidades científicas y sociales que el futuro presente nos plantea como un reto de la relatividad intemporal.

Espero que esté a tiempo y medida esta pequeña colaboración, y que en un segundo se contesten científicamente cuál es la equivalencia de: Fanega=? Área=? Vara=? … al sistema internacional de unidades.

Antonio Deolarte Pou
Profesor del Departamento de Mecánica del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro
División de Profesional y Graduados en Ingeniería y Arquitectura

22/03/2011
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