El mundo se debate en luchas de poder, de valores e intereses; de propuestas políticas y económicas. La escuela sigue exigiendo a sus alumnos que no falten a clases, que hagan la tarea, que estudien los libros (depósitos de verdades) y todo ello generalmente sin mucha relación con lo que los alumnos vivencian antes y después de ingresar al recinto escolar.

El sistema educativo en México, durante el siglo pasado y aun en épocas actuales, se basa en el hecho de imponer al alumno lo que el maestro cree; es decir, las clases se fundamentan en un estilo de doctrina religiosa –donde “se deben tomar las enseñanzas como un dogma, tal como son, así son y así deben ser, y por lo tanto así lo debemos aceptar”–. Es por esto que en México urge una reforma estructural radical en el sistema educativo, iniciando con las personas que imparten la enseñanza y su manera de percibir los conocimientos, habilidades, actitudes y valores necesarios para que el educando desarrolle las competencias para adaptarse a un mundo cada vez más complejo y cambiante.

Recientemente, se ha introducido en los niveles secundario y superior el tema de la formación cívica y ética, y también, aunque de forma no oficial, en los niveles preescolar y primaria.

Es fácil constatar que la crisis actual, que involucra la descomposición social es una de las más críticas y dramáticas de su historia. Estamos viviendo un estado de guerra contra la delincuencia organizada. Colateralmente, la inseguridad, la vulnerabilidad, la desesperanza, la inquietud, el estrés y la ansiedad que vive la gente, ni siquiera es equiparable al de las grandes crisis económicas que hemos padecido a través de nuestra historia moderna.

Sabemos también que el ejemplo es la mejor forma de educar. Los niños y aun los jóvenes hacen lo que ven, la imitación es una de las mejores formas de aprendizaje. Aproximadamente el 80% de nuestro aprendizaje se realiza a través del lenguaje no verbal, sobre todo por medios visuales. Lo que las personas perciben a través de los hechos reales es mucho más importante y efectivo que lo que perciben a través de palabras y aun de instrumentos audiovisuales que tanto se han impulsado en las escuelas y universidades tales como presentaciones, vídeos, e incluso dramatizaciones. En la mayoría de los casos, lo que ahí se presenta o representa no pertenece a la realidad del país, ya que es tomado de las experiencias que se dan en otras naciones en las que la Ética se enseña y se vive como una regla, que si bien tiene excepciones, éstas son sólo eso, excepciones.

De esta forma, es fácil advertir que rápidamente los educandos descubren la falta de congruencia entre lo que se dice y trata de enseñar y lo que se hace en realidad –lo que en verdad se enseña–. Entonces aprenden con facilidad el juego, –¡ah de eso se trata!, de engañar, de mentir, de simular, de manipular para que los demás hagan lo que nosotros decimos aunque no lo ejecutemos; de predicar algo y de hacer otra cosa.

¿Por qué la enseñanza de la Ética en México no ha tenido los resultados deseados? Sencillamente porque en muchas ocasiones –demasiadas– lo que se “enseña” –lo que se dice–, difiere mucho de lo que se hace o de la percepción de lo que se hace.

Millones de niños y jóvenes ven todos los días por televisión, a través de las grandes compañías de televisión abierta, en las llamadas “telenovelas”, que la gente logra lo que se propone por medio de la intriga, el engaño, la manipulación, el encubrimiento, la “tranza”, el soborno, “las artes obscuras”, etc. En los noticiarios perciben que muchas personas “triunfan”, a través de estos medios; que deben primarse los bienes externos tales como el dinero, el poder o el prestigio, por sobre los bienes internos tales como el amor, la autorrealización y la integridad; y que para ello se debe recurrir a estos medios a través del compadrazgo, el nepotismo, la corrupción, etc.

Mientras los educandos sean conscientes o simplemente tengan la percepción de que la gran mayoría de los delitos que se comenten en México permanecen impunes o que quienes los perpetran, se libran fácilmente de sus responsabilidades, de las consecuencias legales; gracias a la ineptitud de autoridades bajo la excusa de “una inadecuada integración del expediente” o con las argucias de un “buen abogado” que logra aprovechar las múltiples resquicios y lagunas existentes en la legislación para beneficiar a sus clientes, sean inocentes o no o a través de la compra de conciencias de funcionarios.
Mientras al querer respetar los reglamentos de tránsito sean sujetos de extorsión, acciones que violentan sus garantías individuales, tratos injustos, abusos de poder, etc.

Mientras los jóvenes constaten que tragedias como las de la Guardería ABC de Hermosillo, cuyo origen sigue siendo obscuro, sin poderse descartar de que haya sido provocado; tienen lugar sin que se tenga a la fecha un solo consignado después de un año de ocurridos los hechos, y que todo parece indicar que se le dará carpetazo al asunto como a tantos otros, en los que la impunidad, la irresponsabilidad y la incompetencia se hacen presentes.
Mientras perciban que para integrar un gabinete, comité, empresa o institución;  no se consideran los perfiles, el desempeño, las competencias o los méritos; sino la cercanía, el nivel de confianza o amistad con el “líder”.

Mientras los jóvenes observen que sus padres y profesores predican una cosa y hacen exactamente lo contrario. Cuando se les dice que debemos cuidar una alimentación sana y balanceada y tener aprecio por una cultura física y ven que sus profesores consumen frituras y bebidas carbonatadas y desarrollan enormes barrigas al tener una vida sedentaria en la que no se tiene la menor disciplina para desarrollar el ejercicio físico que los mantenga saludables.
Mientras se les diga que no deben fumar, beber en exceso o consumir drogas, por los graves daños que ocasiona el tabaco a la salud y vean que sus profesores fuman como chacuacos sin el mínimo respeto hacia los fumadores pasivos que se encuentran a su alrededor.

Mientras se les diga que deben ser puntuales y mostrar respeto al tiempo de los demás y los profesores llegan tarde a sus clases, faltan y contravienen lo que precisamente exigen a sus alumnos. Mientras se les indique que el respeto a las obras intelectuales y derechos de autor fortalece la producción de libros, películas, discos, etc. y detecten que los apuntes del profesor consisten en copias fotostáticas o electrónicas con copyright y que la película que les proyecta es pirata.Mientras los ejemplos no cambien, mientras no exista congruencia entre lo que les decimos y lo que hacemos; principalmente los padres y maestros, poco puede hacerse con los cursos de Ética, que seguirán siendo solamente retórica sin esencia que no puede hacerse parte de la vida de la juventud en formación; ya que la Ética no se menciona, se vive; no se predica, se ejemplifica; no es un bien externo, se interioriza, se integra al desarrollo de nuestros hábitos en el día a día con acciones sencillas que forman parte de lo cotidiano, pero que cuyo refuerzo, logra realizar los cambios en filosofía, en la actitud y en la conducta de nuestros hijos y alumnos; tal como la gota de agua que con constancia y suavidad, logra perforar a la roca más dura.

Estas sencillas acciones son las que van dejando huella, a veces indeleble; pautas de comportamiento que hunden sus raíces en el condicionamiento de las personas en forma de creencias, justificaciones, pretextos excusas, y autoengaños, que les impiden vivir una “vida buena”.

Los grandes maestros iluminados como Buda, Jesucristo o Mahoma, han tenido y seguirán teniendo trascendencia, simplemente porque fueron congruentes entre lo que predicaban y lo que hacían. Amaban lo que hacían por el sólo hecho de hacerlo, vivieron para servir y al haber servido, han vivido, viven y vivirán en la conciencia de mucha gente que les respeta, venera y admira. Así un padre de familia o maestro, trasciende debido a su congruencia, al ser capaz de encauzar el sentido de su vida hacia la misión más elevada que puede tener cualquier persona: la de formar al hombre.

-José Luis Ortiz*

Artículo publicado en el Periódico “El Corregidor de Querétaro”, los días 6 y 13 de Agosto de 2010.

*Director de la Carrera de Ing. Mecánica, Profesor, investigador, escritor y conferencista. Tecnológico de Monterrey, Campus Querétaro,

jlortiz@itesm.mx

01/09/2010
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