Lo único que resiste el paso del tiempo es la Ley de la Cosecha: La tierra debe prepararse, sembrarse en ella con buena semilla, cultivarla, desbrozarla, regarla y luego abonarla gradualmente para que el cultivo crezca y se desarrolle hasta alcanzar su plena madurez. Lo mismo ocurre en la familia, en los negocios, en escuela o en cualquier actividad que emprendamos en la vida. No hay una solución instantánea que podamos aplicar para resolverlo todo solamente por medio de una Actitud Mental Positiva (AMP) y una serie de “fórmulas mágicas para alcanzar el éxito”.

Cualquier negocio o actividad emprendidos en la estación apropiada y después del transcurso de tiempo suficiente, producirá resultados predecibles. La razón de ser de las estaciones es la productividad, y el propósito de nuestra actividad lo constituyen los resultados.

Los resultados son la cosecha producida por nuestros esfuerzos pasados. Si el agricultor siembra únicamente un puñado de semillas en la primavera, no puede esperar una cosecha abundante en el otoño. De la misma manera, si una persona ha participado en una cantidad mínima de actividades en el pasado, no debe esperar resultados significativos en el presente.
Los resultados son siempre directamente proporcionales al esfuerzo realizado, si éste se aplica en la dirección correcta.

Los que descansan en la primavera no cosechan en el otoño, no importa lo grande que sean sus necesidades, sus deseos o las exigencias de los demás. Los resultados son las recompensas reservadas para aquellos que tuvieron la previsión de aprovechar las oportunidades y actuar inteligentemente para aprovecharlas. Si se pierde la oportunidad, no habrá recompensa.

No podemos ser descuidados en la educación de nuestros hijos. Es menester mantener comunicación constante con ellos, tratarlos con confianza y respeto, establecer límites, hacerles sentir en cada momento lo importante que son para nosotros, mostrarles nuestro amor en cada acción, etc. Si no actuamos de esta manera, no debemos extrañarnos que la cosecha sea escasa o que recojamos cizaña en lugar de trigo.

En las empresas le pedimos a nuestra fuerza de ventas que alcance ciertos indicadores y premiamos a la gente si logra conseguirlos. Los vendedores aprenden rápidamente que hay que perseguir resultados, eso es lo que se les pide y exige. En muchas ocasiones no logran percibir que las ventas constituyen el fruto del trabajo a largo plazo que depende de la calidad del producto o servicio, de la imagen de la marca, de la penetración en el mercado, del grado de motivación o entusiasmo que se ha logrado despertar en los prospectos, de su precalificación, presentación, cierre efectivo, etc.

El éxito no se persigue, se atrae; es el resultado de la siembra y el cuidado seguido durante todo el proceso desde la siembra hasta lograr la cosecha. Todavía más grave es que ni siquiera se conozca el proceso de ventas, como cuando se ignora la secuencia que debe seguirse desde la siembra hasta la cosecha.

En las escuelas les pedimos a los estudiantes que repitan lo que nosotros les hemos dicho, les examinamos sobre los textos que nosotros les hemos dado. Ellos aprenden pronto el sistema –se condicionan–, adoptan un comportamiento reactivo, que en muchas ocasiones es el resultado de aprender lo que ven, del ejemplo de sus propios profesores. Se preocupan de “pasarla bien” y solamente a última hora estudian como para “repetir como perico” lo que se les enseñó. A menudo llegan a creer que todo en esta vida se puede encarar de la misma forma.

Algunos hábitos de inefectividad humana hunden sus raíces en nuestro condicionamiento  social de pensamiento a corto plazo. Muchos estudiantes empiezan por retrasarse en la escuela y después estudian todo en el último momento y pasan sus exámenes, pero no aprenden para la vida. Muchos obtienen títulos y distinciones “estudiando en el último momento”, leyendo o memorizando “discursos” cortos, tranzando con las autoridades “competentes”, etc. Este comportamiento, evidentemente no funciona en la granja ni en la vida real. No podemos pasarnos semanas sin ordeñar a la vaca y luego correr al establo para ordeñarla desenfrenadamente. No podemos olvidarnos de sembrar en primavera, para después holgazanear durante el verano entero y finalmente trabajar muy duro durante el otoño para recoger la cosecha.

La oportunidad de la primavera es breve. La oportunidad se acerca, llega y pasa rápidamente. No se demora ni pausa para mirar hacia atrás. La oportunidad solamente se nos presenta una vez y aquellos que responden a su llegada actuando proactivamente y con un fin en mente, obtendrán la medida completa de los resultados deseados.

Todo lo que hacemos determina nuestros resultados futuros. Al igual que el agricultor que se ve inmerso en la actividad de arar el terreno en preparación para la siembra, tenemos que trabajar en el desarrollo de una base de competencias sólida. Al igual que el granjero que cuida y abona su siembra para destruir las hierbas nocivas y alimentar la semilla, tenemos que esforzarnos para desarrollar nuestras actitudes y aptitudes. Finalmente, al igual que el agricultor que atiende su cultivo desde la madrugada hasta la puesta del sol, anticipando la cosecha en el futuro, tenemos que dedicarnos al trabajo efectivo de forma disciplinada para obtener los resultados que deseamos.

Si en el pasado nuestras labores han producido una cosecha insuficiente, no podemos hacer nada para alterar este resultado. No podemos cambiar el pasado. No podemos pedirle a la naturaleza que haga una excepción a sus reglas, no importa el hambre que tengamos. La naturaleza tampoco permitirá que pidamos un adelanto a la tierra. Lo único que podemos hacer es prepararnos para la llegada inevitable de otra primavera – otra oportunidad – y a su llegada, sembrar, alimentar y cuidar nuestro cultivo con la mayor diligencia posible, recordando las consecuencias dolorosas de la negligencia pasada. Sin embargo, al traer a la memoria las consecuencias, no podemos permitir que éstas nos abrumen. Su lección debe servirnos y no abatirnos. Nuestros fracasos deben ser una escuela y no un lastre que condicione negativamente nuestros intentos futuros.

Durante todo el transcurso de nuestras vidas, experimentamos un número de primaveras y cosechas. Nuestra felicidad futura es raras veces el resultado de una sola cosecha. Es el resultado de una multitud de oportunidades individuales aprovechadas o tristemente descuidadas. Nuestra felicidad se basa en el efecto acumulado de nuestra actividad anterior.

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Artículo publicado en el Periódico “El Financiero”, Edición Bajío, del Lunes 10 de Mayo de 2010, p. 2B.

*Profesor, investigador, consultor, escritor y conferencista, Director de la Carrera de Ing. Mecánica, ITESM Campus Querétaro, jlortiz@itesm.mx

30/06/2010
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