Para muchas personas el “Estado de Derecho” consiste simplemente en el imperio de la ley; para otras, el respeto a los derechos de los ciudadanos; y para otras más, la libertad con responsabilidad, la división del poder, los derechos humanos y las instituciones imparciales e independientes. Un estado que no garantice las libertades civiles y políticas, seguramente no es de derecho.

En México falta mucho camino por recorrer en cuanto a la existencia de un verdadero Estado de Derecho. Solamente basta considerar que la gran mayoría de los delitos permanecen impunes, lo que constituye un incentivo a la delincuencia; diariamente se infringen leyes y reglamentos a grado tal que llegamos a considerar estas faltas como algo natural.

A veces, su observancia, llega a ser algo extraño, tal como sucede cuando alguien se detiene con la luz amarilla de los semáforos o da preferencia al peatón en un  paso peatonal. La exacerbación en la pérdida de valores cívicos fundamentales parece haber llegado a su clímax en los tiempos actuales: solo basta escuchar los noticiarios, leer los periódicos o lo que es aún peor: ser víctima de amargas experiencias de inseguridad, corrupción, impunidad, nepotismo, intolerancia, etc., por parte de algunas “autoridades y “ciudadanos.

Sabemos que todas las naciones y los pueblos han creado estandartes o banderas que los distinguen y signifiquen como elemento de su identidad. La bandera, en el más alto de sus significados, es el símbolo de la nacionalidad y representación genuina de la patria. Por eso debemos rendirle los honores debidos.  Rechazar tales honores o simplemente no considerarlos es despreciar o no respetar a la misma patria, a México.

Algunos recordamos cuando nuestros abuelos y padres –al escuchar las notas del Himno Nacional– nos hacían detener el paso o ponernos de pie, por respeto; lo mismo hacíamos al izar o arriar la Bandera. Estos sencillos actos alimentaban nuestro patriotismo.

En épocas recientes se advierte un fenómeno: se están perdiendo el amor a México y el sentido patriótico porque se ha generalizado la idea de confundir patria con política, y política con “grilla” en partidos políticos, sindicatos, funcionarios, grupos de poder, corporaciones policíacas, etc. Tal vez por ello, la gente deja de querer a su patria, pierde la fe en ella y en sus instituciones, y por ende, deja de tenerle respeto a los símbolos patrios. Lo vemos en los homenajes escolares, cuando a las personas –adultos, jóvenes o niños– poco les importa la presencia de la bandera. No la sienten algo suyo e importante; prefieren aprovechar el rato para conversar en lugar de entonar el Himno Nacional o saludar a la Insignia Patria.

La situación es más preocupante cuando los maestros y autoridades tampoco asumen una actitud de respeto o no les llaman la atención a los alumnos o subalternos. Ese respeto se deriva del amor que surge en la familia hacia lo que nos da identidad como nación. Hoy día, muchos niños y jóvenes sienten que salen al homenaje a la bandera obligados, como un mero trámite que hay que cumplir los lunes.

No existe el hábito del respeto a los símbolos de nuestra Patria, porque los padres y maestros no se esmeran en brindarlo con el ejemplo; si el alumno ve que el maestro no participa en la ceremonia, él tampoco lo hará. Recordemos que los padres y maestros debemos indicar el camino, dar el ejemplo y acompañamiento a los niños y jóvenes; si así lo hacemos, seguramente nos seguirán.

México, nuestra Patria: es el lugar donde hemos nacido, crecido, aprendido y vivido; es el proyecto de nuestros ancestros, el esfuerzo y el trabajo de nuestros padres, es el vientre de nuestra madre; nuestra esperanza y unidad, los sueños de nuestros hijos. Los ciudadanos no somos de México, nosotros somos México. Desgraciadamente, así como se habla de una pérdida de valores morales también hay una pérdida de valores cívicos.

Para alentar y fortalecer el respeto a la bandera y a los símbolos patrios, principios de la educación integral, la formación cívica y raíz del Estado de Derecho; los padres y maestros debemos ser los principales promotores de este valor cívico, para que los jóvenes participen en las ceremonias por convicción y no por obligación. El amor a la Patria, a la Bandera y a los Símbolos Nacionales no surge por naturaleza, es algo que se inculca a través de la formación integral de la persona, es algo que se interioriza a través del desarrollo de pensamientos, acciones, hábitos, caracteres y destinos.

Es conveniente tener siempre presentes los preceptos legales para no incurrir en omisiones lamentables en detrimento de nuestro Lábaro Patrio, porque necesitamos engrandecer y estimular nuestros ideales; el fin es enaltecer el amor a la Patria.

La Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales en su Capítulo Cuarto – del uso, difusión y honores a la bandera nacional– en sus Artículos 9 y 12 establece:

ARTÍCULO 9.- En festividades cívicas o ceremonias oficiales en que esté presente la Bandera Nacional, deberán rendírsele los honores que le corresponden en los términos previstos en esta ley y los reglamentos aplicables; honores que, cuando menos, consistirán en el saludo civil simultáneo de todos los presentes, de acuerdo con el Artículo 14 de esta misma ley.

ARTÍCULO 12.- Los honores a la Bandera Nacional se harán siempre con antelación a los que deban rendirse a personas.

Porque ser ciudadano mexicano en el umbral del Siglo XXI no es simplemente haber nacido y compartir este territorio. Entraña el compromiso de servir a nuestra patria con el ejercicio constante del derecho y el deber ciudadanos. Únicamente con la educación y el claro convencimiento de que con la convivencia entre seres humanos, ateniéndose a los derechos y obligaciones señalados, será posible el desarrollo armónico de nuestra sociedad y la realización plena de su gente.

José Luis Ortiz

jlortiz@itesm.mx

*Director de la Carrera de Ingeniero Mecánico Administrador. Profesor, investigador, conferencista y escritor

22/04/2010
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