Entre las muchas ventajas que tiene la carrera de Relaciones Internacionales (LRI), la más esperada es siempre el verano en Europa. El primer día del primer semestre, la sola idea de visitar instituciones de Naciones Unidas o embajadas en otros países es suficiente para emocionar a cualquiera. Pasaron dos años y, a pesar de cambiar intereses, esa emoción siguió hasta Holanda. Con instituciones como la Corte Internacional de Justicia, la ciudad es ideal para cualquier estudiante de Relaciones Internacionales. Nuestras expectativas, acumuladas por años y que a veces parecían demasiado altas, fueron superadas desde el primer día; ya que nos llevamos experiencias y aprendizajes, no solo de las instituciones, sino también de las actividades diarias que, tan lejos de casa, no parecían rutina.

Si hablamos de lo académico, es indispensable mencionar el Ministry of Foreign Affairs, la EUROJUST y la Corte Internacional de Justicia. En estos lugares, el ideal institucional se materializa en cooperación social, política y económica; el tipo de alianzas que soñamos para Latino América. Por ejemplo, la eliminación de barreras y burocracias en la persecución de criminales, la búsqueda constante del respeto por los derechos humanos y convenciones para la protección ambiental son algunos de los objetivos de dichas instituciones, que contagian el idealismo de una cooperación que vaya más allá de lo económico. Y ojalá pudiera describir lo que se siente al estar en el Tribunal Especial para Sierra Leona, donde se inició una reconstrucción social a través de la búsqueda de justicia para las víctimas de lo ocurrido en los años 90.

También, visitamos organizaciones que no fueron creadas por naciones, sino por individuos. Tal es el caso de United Network of Young Peacebuilders (UNOY), que dejó una huella particular en mí, ya que fue enteramente creada por jóvenes interesados en instaurar una red de paz. Tuve la oportunidad de sentarme frente a frente con gente de mi edad que había crecido en Irak, en Etiopía y en Francia; me sorprendió que compartimos muchos valores, ideas y sentimientos, a pesar de tener contextos completamente diferentes.

Por otro lado, la academia Clingendael, no solo nos asombró por su ubicación, rodeada de lo que parecía un bosque que se extendía hasta las afueras de la ciudad, sino su participación en la diplomacia internacional. Los objetivos perseguidos por estas organizaciones, sirvieron como recordatorio del impacto que tienen nuestras acciones. En estas instituciones, el ideal cooperativo en el que se sueltan algunos intereses propios para perseguir un bien colectivo, se sintió real y alcanzable.

Existió un aprendizaje más sutil, adquirido con actividades cotidianas que se sentían extraordinarias; como tomar el transporte público, caminar por la ciudad, visitar los numerosos parques y playa, todos a menos de veinte minutos de distancia.

La infraestructura de movilidad de la Haya es tan eficiente que escasean los carros, algo que se antoja cada vez más en mi país. Una cosa quedó más claro que el resto: la educación es el comienzo.

No creo que hable sólo por mí cuando digo que Holanda estará siempre en nuestros recuerdos, ideas y corazones. Terminé compartiendo aquel sentimiento con otras treinta personas, lo que comprueba aquella teoría repetida en las diferentes instituciones: que los valores unen personas. Tan sólo es el primer país de este recorrido y ya aparecieron nuevas oportunidades para mí y otros estudiantes.

20/06/2017
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