Karen Andrade, quien hoy se gradúa de la carrera de Relaciones Internacionales (LRI), comparte la pasión de ser Tec.

 

Amo el Tec. Sí, es raro e indescriptible. Los que han tenido la fortuna de vivir el Tec más allá de los salones sabrán que ese amor no es un amor irracional sino perfectamente fundado.

Ellos, compañeros de intensidad, locura y ganas de mover el mundo saben que ‘comerse el mundo de una sola mordida’ tal vez suena imposible, pero se ve completamente realizable desde los espacios que el Tec nos brinda. Saben que recorrer la explanada del Borrego Cósmico es una experiencia mágica porque desde ahí uno puede sentir toda la energía volcada en actividades que amamos. Desde ahí, puedes percibir que en efecto, el Tec vibra.

Es una energía que se contagia, que se transmite y que llena cada espacio de la Institución, puedes en ese espacio llenarte de esa energía y al mismo tiempo saber que un mundo de posibilidades a tu alcance está contenido en ese Edificio 9 en el que tantas horas pasé y volvería a pasar si me permitieran volver en el tiempo.

Basta detenerse en el pasillo que lleva a Grupos Estudiantiles para escuchar las diferentes voces, a veces estresantes, a veces emocionadas para saber que organizar un gran evento poco tiene que ver con experiencia o presupuesto, porque ambos, son el resultado de un proceso largo de trabajo en equipo y de confianza en los demás. Basta con recorrer el sótano de ese edificio para convencerse de que bailar no sólo es una actividad física sino un arte que se disfruta. Basta escuchar las voces de los artistas de Camerata, Ensamble, Comedia Musical o Técnica Vocal para saber que la voz es una maravilla transmisora de emoción. Basta con asomarte a las canchas para saber que entrenar es pasión vuelta compromiso. Basta pararte en medio de la explanada para que tus sentidos te expliquen qué es el Tec y por qué los que podemos estar ahí hasta las 10 pm hemos encontrado ahí nuestro hogar.

La maravilla de ser parte del Tec no es sólo estar inscrito en el Tec. Ser parte del Tec es  saber que puedes contar con que alguien secundará esa idea loca que se te ocurrió. Es saber que el “espíritu emprendedor” no es slogan, sino una realidad compartida por todos los que nos dedicamos a diario a vivir creyendo en lo imposible. Es saber que tus compañeros no sólo son estudiantes, sino incontables veces directivos, maestros y jefes de departamento que confían en tí y están dispuestos a escucharte. Es saber que por más estrés y trabajo académico que tengas, siempre tendrás energía extra para que aquello que te propusiste con tu equipo de cualquier actividad extra-académica en la que estés se logre.

Ser parte del Tec es rodearse de personas que aman lo que hacen y que confían en el potencial de la gente para construir. Ser parte del Tec es saber que la pasión genera energía y que por eso, a veces se vuelve irrelevante dormir. Ser parte del Tec es salirte del salón para sumergirte en un mundo de amistades admirables, personas brillantes y proyectos emocionantes.

Y podremos hablar desde todo lo que podría mejorar y de lo mucho que nos gustaría que se hiciera o dejara de hacer, pero en el fondo sabemos, que tenemos tan puesta la camiseta, que nosotros mismos nos sentimos responsables de generar cambios que impulsarán a los que vienen. En el fondo sabemos que sin importar cuánto nos emocione graduarnos, el factor nostalgia siempre estará presente. En el fondo sabemos, que fuimos parte de esa magia y que sin importar cuánto tiempo pase, el Tec siempre representará mucho de lo que somos y mucho de lo que aportaremos al mundo.

 


22/05/2014
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