Por Mariana Rovelo

Soy Mariana Rovelo y actualmente estoy cursando el último semestre de la carrera de Ingeniería Mecánica ¿Que qué significa eso? Bueno, significa que estoy a escasos dos meses y medio de terminar la aventura más grande y retadora que me he planteado en mi vida. Esta aventura comenzó hace poco más de 5 años, cuando aún estaba en la preparatoria indecisa por cuál carrera decidiría estudiar. Buscando las opciones que me ofrecía el Tecnológico de Monterrey en Querétaro, hice un listado de las ingenierías que llamaran mi atención, pues siempre supe que quería ser ingeniera. Después de una investigación exhaustiva de cada carrera, me decidí por Mecánica porque era la que mejor capturaba todo aquello que me interesaba y en lo que me quería desarrollar. Cuando le comuniqué a mi familia mi decisión tuve reacciones de todo tipo. Desde ese momento sabía que este camino no sería fácil, que sería un constante rompimiento de esquemas y paradigmas, que habría más de una persona dispuesta a hacerme dudar de mis capacidades y que habría más de una ocasión en la que yo me sentiría insegura dentro de ese ambiente catalogado como “una carrera para hombres”.

Los primeros semestres de la carrera me integré rápidamente a la cultura que implica el ser una chava estudiando con muchos chavos. Me hice de buenas amistades dentro de mi carrera y de carreras afines. Fue así como conocí  el grupo estudiantil de Minibaja. Es un grupo estudiantil formado principalmente por Ingenieros Mecatrónicos y Mecánicos que consiste en diseñar y fabricar un vehículo tubular monoplaza todo terreno para competir a nivel nacional e internacional. Formé parte de este equipo durante 3 años, durante los cuales no solamente aprendí cómo se trabaja en un taller y cómo se utilizan las máquinas y herramientas; si no también aprendí de trabajo en equipo, de competencia y de cómo sobrellevar los fracasos y festejar las victorias, todo con el fin último de mejorar para la próxima carrera. Se crea un vínculo que va más allá del compañerismo entre todos los que conformamos el equipo. Son personas con las que pasé más tiempo que con mis padres durante esos semestres. Puede sonar extremista, pero es cierto. Es un trabajo que demanda horas de taller, horas de dedicación y de preparación para las carreras. Y además de ser mis compañeros de equipo, muchos eran también mis compañeros de clases y mis amigos, con los que me gustaba pasar tiempo dentro y fuera del taller. Las competencias se volvían nuestro examen final de una preparación de 4 meses.  Nos pasó de todo: accidentes, victorias, fallos, descomposturas, horas bajo el sol, porras, gritos, enojos. Todo fue parte de la gran experiencia que significó formar parte de este equipo.

Tuve que abandonar el equipo debido a otro paso grande que di dentro de mi preparación universitaria: mi semestre de intercambio en el extranjero. Mis padres me dieron la gran oportunidad de irme de intercambio durante un semestre y fui seleccionada para irme a la Universidad Laval en Québec, Canadá. Yo tenía ya más de 2 años estudiando el francés y fue un nuevo reto para mí el irme a una ciudad donde solo hablan ese idioma y dónde mis clases serían en ese idioma. Tomar clases ya tan especializadas en mi rama de ingeniería, en un idioma del que solo conocía lo conversacional, se tornó en un reto mayor de lo que yo había previsto. Tuve la fortuna de conocer una chava de otro campus que también estaba allá con el mismo fin y decidimos inscribir las mismas materias y ayudarnos mutuamente a aprobar satisfactoriamente todo. Esta experiencia se volvió una de las más enriquecedoras de mi vida: una cultura tan diferente, en un país tan diferente, con otro idioma, otro clima, otros métodos de enseñanza y aprendizaje, gente de todo el mundo. Fue una experiencia increíble que me ha dejado mucho.

A mi regreso decidí  que era tiempo de empezar a buscar una empresa donde pudiera comenzar mi desarrollo laboral como practicante. A finales del verano pasado entré a trabajar a una pequeña empresa de la rama metalmecánica dedicada principalmente a la manufactura y metrología de componentes y herramentales para la industria aeronáutica. Dentro de esta empresa he tenido la oportunidad de crecer mucho como ingeniera, poniendo en práctica muchas de las cosas que aprendí en las aulas y aprendiendo mucho más acerca de lo que es el mundo fuera de las mismas. Próximamente entraré a hacer un segundo periodo de prácticas a otra empresa más grande esperando seguir aprendiendo y preparándome antes de salir a ese mundo laboral ya no como practicante, si no como ingeniera.

Entre otras actividades que me ha dado la oportunidad de realizar mi preparación dentro del Tec de Monterrey fue mi servicio social. Estuve durante 1 año dando clases de regularización a estudiantes de nivel secundaria, vespertinas y abiertas, en el área de matemáticas, física y biología. Mi labor fue más allá de enseñarle operaciones y un poco de teoría, sentí que mi labor era empaparlos de las ganas de estudiar, de salir adelante y de lo importantes que son dentro de su comunidad. Aprendí tanto de ellos y siento que dejé una huella importante en ellos también. Para mi, mi servicio consistía en transmitirles un poco acerca de eso que a mi me apasiona tanto, y que ellos me alegraran el día con sus anécdotas y experiencias. Era escucharlos y aconsejarlos cuando me lo pedían, era enseñarles que no todo se aprende en los libros, pero que si es importante leerlos y ver qué tienen que decirnos. Mi servicio social no consistió en terminar una cantidad de horas, si no que me enseñó lo importante que es involucrarte en la sociedad y ver más allá de aquella sociedad que usualmente te rodea. Tenemos tanto que darles que va más allá de la edad que tengamos o de nuestras posibilidades económicas, porque me di cuenta que nuestra sociedad necesita mucho de los jóvenes que tenemos tanto que dar.

Para complementar mi educación, siempre me involucré en actividades deportivas y culturales que me ayudaran a mantener un equilibrio entre ejercicio mental y físico. Entre esas actividades incluí clases deportivas de tenis y bodypump; y clases culturales de baile, como lo son el jazz, la salsa y los bailes latinos. La escuela nos da la oportunidad de integrarnos en estas clases como parte de nuestro desarrollo universitario y me parece absurdo dejar pasar esa oportunidad de desarrollar ese otro lado de nosotros que puede llegar a apasionarnos tanto, ya sea deportivo o cultural.

05/03/2012
Para conocer las carreras (ingenierías y licenciaturas) del Tec de Monterrey Campus Querétaro visita nuestro sitio http://venaltec.queretaro.itesm.mx

Comentarios

comentarios