Todos hemos escuchado que ciertas hierbas y alimentos nos ayudan a mantener una buena salud, algunas incluso contribuyen a prevenir enfermedades, retardar la aparición de signos del envejecimiento y hasta curarnos de una tos.

Desde tiempos remotos nuestros antepasados utilizaron las propiedades de las hierbas para múltiples usos, desde infusiones de flor de tila (Ternstroemia pringlei) para tranquilizar los nervios, hasta infusiones de una mezcla de cola de caballo (Equisetum arvense), pingüica (Arctostaphylos pungens), cabellos de elote (Zea mays) y tamarindo (Tamarindus indica) para aliviar ciertos malestares del riñón.

Pero, ¿cuáles son las sustancias que ejercen tal acción sobre nuestro organismo y cómo actúan?  Nuestros antepasados aprendieron empíricamente los beneficios de las hierbas y alimentos.  En la época moderna, los científicos se dieron a la tarea de caracterizar las sustancias contenidas en ellos y de investigar su modo de acción.  Recientemente, con el advenimiento de nuevas técnicas, las investigaciones han llegando hasta niveles moleculares abriendo nuevas oportunidades para que las personas mantengan una buena salud.

Somos únicos
Cada individuo tiene un código genético único, que contiene información sobre nuestra predisposición a diferentes padecimientos. Hoy en día se sabe que muchas enfermedades crónicas como la diabetes y la obesidad, además de ser fuertemente influenciadas por los hábitos del individuo, tienen un factor genético de predisposición.  La información genética de nuestras células también dicta la respuesta que tenemos ante las sustancias presentes en las hierbas y alimentos.

La ciencia que estudia esto, se llama Nutrigenómica.  Es relativamente nueva, ya que surgió a principios de la década pasada siguiendo la tendencia de las ciencias “ómicas” que aparecieron después de que el genoma humano fuera exitosamente secuenciado y de conocer la función de cada uno de los 25,000 genes que nos conforman. La nutrigenómica estudia el papel que los nutrientes juegan a nivel molecular en la regulación de la expresión de nuestros genes.  La expresión génica es el proceso por el cual se producen las proteínas codificadas en nuestros genes para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo. Así, el principal objetivo de esta joven ciencia es poder diseñar dietas personalizadas de acuerdo al código genético y a las necesidades fisiológicas de cada individuo con el fin de prevenir enfermedades crónicas y de mantener una buena salud.

Se sabe que el extracto de Ginkgo Biloba se prescribe en casos de insuficiencia cerebral debido a la edad.  Después de muchos esfuerzos por buscar los mecanismos que expliquen su modo de acción a nivel molecular, Cermak y Wolffram han encontrado que las hojas de Ginkgo Biloba son ricas en flavonoides y terpenoides que ayudan a controlar la expresión génica y han descifrado mecanismos moleculares de acción del “EGb 761”, que es el extracto patentado de hojas de Ginkgo Biloba más utilizado para estudios clínicos y que es la base para muchos productos médicos comerciales.  En el futuro cercano se podrán también descifrar los mecanismos moleculares de acción de sustancias encontradas en hierbas y alimentos tradicionales mexicanos como zapote blanco, epazote, hoja santa, estafiate, entre otros.

En fin, todavía queda mucho por descubrir, pero hoy podemos afirmar que las sustancias contenidas en la dieta juegan un papel fundamental en nuestra salud ya que modulan mecanismos moleculares clave en las funciones fisiológicas de un organismo. Las investigaciones en nutrigenómica abren un nuevo mundo en el campo de la nutrición optimizando la salud a través de la personalización de nuestras dietas dependiendo de nuestra información genética.

28/02/2011
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