Dale Carnegie, me ha sorprendido con con su gran talento, eficacia y practicidad para abordar temas de interés general en la vida cotidiana. Anteriormente me había sacudido emocionalmente con su obra “ Como ganar amigos e influir sobre las personas”, posteriormente lo hizo abordando el tema que nos atañe a todos de “Como suprimir las preocupaciones y disfrutar la vida”.

Hablar en público, es un tema que no es exclusivo de políticos, vendedores, maestros y conferencistas, muy por el contrario es materia de todos los seres humanos que formamos parte de una sociedad, entendiendo, que los individuos, somos animales sociales que necesitan comunicarse. Así mismo, reconozco que puede haber personas que tengan mayor facilidad que otras para expresarse ante un auditorio, sin embargo no es un impedimento para que todos podamos desarrollar y potencializar dichas habilidades, como bien dice la frase: la práctica hace al maestro. En mi caso, afortunadamente, el hablar en público nunca ha sido un tema que me genere nerviosismo, angustia o stress, sin embargo, y posterior a la lectura de éste libro, veo que las áreas de oportunidad de mejora son muy amplias. Desde que tengo uso de razón, recuerdo siempre tener un cierto grado de protagonismo y de gusto por llamar la atención.

En las reuniones familiares en épocas navideñas, solemos juntarnos toda la familia y desde muy pequeño, probablemente desde los 6 años de edad, y por iniciativa propia, me gustaba dar de algún discurso de algún tema en particular, generalmente con toques humorísticos y cómicos que los parientes solían agradecer y reconocer. Durante muchos años lo hice, hasta que se convirtió prácticamente en una tradición familiar que a la fecha, tratamos de conservar.

El hecho de estar frente a un auditorio, me hace sentir bien, evidentemente siento nervios, pero de esos que son hasta terapéuticos y saludables, pero he de reconocer que lo que me impulsa a hacerlo es el premio de la aceptación y del reconocimiento de quienes me escuchan.

En lo laboral, también he tratado de sacar provecho de esta situación, y aprovecho para comentarlo con un ejemplo que acaba de suceder. El 26 de agosto pasado, mi empresa cumplió 4 años de iniciar operaciones, y naturalmente fue un motivo de celebración con todos los colaboradores que han logrado que esto suceda. Por tal razón, mi equipo de consultores externos y yo, decidimos hacer un evento en el que daría a conocer la planeación estratégica de la empresa para el año 2012 y también aprovecharíamos para festejar el aniversario de la compañía a través de una comida. Para dicha ocasión, preparé un discurso que tenía como objetivos: agradecer a todos los colaboradores su invaluable contribución a los resultados de la empresa, remembrar los aspectos históricos más importantes por los que hemos pasado (para generar complicidad y emocionalidad) y por supuesto alentar a la gente a que se cumplan muchos aniversarios más. En el momento en el que comencé a leer el libro, inmediatamente me vino a la mente ese discurso y pensé que era una excelente oportunidad para ver que había hecho bien, y que podía mejorar sustancialmente para el futuro. La verdad es que veo con agrado y satisfacción que mi discurso contenía mucho de los principios básicos de Dale Carnegie, no obstante, también he de reconocer que en dicha ocasión omití reglás básicas y fundamentales con lo qe hubiera logrado un discurso de mayor impacto. Lo que mayor impacto produjo a mi auditorio, fue la analogía que llevé a cabo de la empresa con un bebé: los cuidados y la atención que se requiere para hacerlo crecer, lo vulnerable que es y las inversiones que requiere para su desarrollo. Justamente, la analogía es una herramienta que propone Carnegie para este tipo de discursos. Por otra parte, considero que también los ejemplos que empleé de situaciones complicadas de las que hemos salido adelante, en los que por supuesto aproveché para reconocer a varios de los empleados, también emocionaron a los asistentes, premiandome con aplausos. Lo que ahora pienso hacer, es analizar a profundidad el video del discurso, criticarme constructivamente, identificar lo que hice bien y reconocer las áreas de mejora para en un futuro hacerlo mejor.

Naturalmente, y posterior a la lectura del libro “Principios básicos para hablar eficazmente”, el contar con un guía y una estructura de cómo preparar un discurso me ayudarán de manera muy importante para mejorar sustancialmente en un futuro. De cualquier manera, y como también lo recomienda Carnegie, trataré de aprovechar cada oportunidad para practicar y pulir mis talentos y habilidades. Por lo que respecta a la parte social, me parece fundamental que nosotros, como agentes de cambio, tomemos el compromiso y actuemos de manera activa en la sociedad.

Me parece que hay una cantidad inumerable de ocasiones, en las que nuestro país requiere de gente resposable y comprometida que tenga la capacidad de dar a conocer sus ideas de forma clara y precisa, con mensajes directos que produzcan acción en los oyentes. Por ejemplo, desde una simple “junta de vecinos”, hasta una situación de emergencia como un incendio, una inundación o bien un temblor, donde se necesita gente con coraje que tenga la capacidad de dar a conocer mensajes para que el resto de la gente actúe de la forma en que lo debe de hacer. Por otra parte, también el leer el libro me ha ayudado a desarrollar un ojo crítico para analizar los discursos de la gente que tiene las riendas del futuro de nuestro país.

Me dí a la tarea de escuchar los discursos de politicos que se transmiten en los noticieros, y veo con decepción y tristeza que muy pocos realmente pronuncían mensajes que valgan la pena. La mayoría, son discursos para criticar, para golpear, para hundir y para destruir, pero eso sí, son carentes de mensajes claros, poco propositivos y bastante desordenados. Termino esta reflexión nuevamente haciendo una invitación a las autoridades de la Educación en México, en que den una mucho mayor importancia en las escuelas primarias, en desarrollar éstas habilidades en nuestros niños, que forme parte de su educación básica, para que lo aprendan desde pequeños y que lo hagan de una forma natural, sin miedos, sin prejuicios, que lleguen desde su temprana edad a “romper el caparazón de la timidéz”.

Por: Carlos Lozano Sánchez Lara

-El autor es alumno de la clase Seminario de Negocios

25/10/2010
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