Recuerdo que la primera vez que tuve contacto con una computadora fue durante un verano que mis padres decidieron inscribirnos, a mi hermano y a mí, a un taller de computación. A partir de ese verano decidí que carrera quería estudiar: Ingeniero en Sistemas Computacionales. (ISC)

Les diré que no tenía mucha idea lo que significaba ser ISC, pero la sola idea de poder desarrollar soluciones usando una computadora como herramienta era, y sigue siendo, fascinante.

Buscando donde estudiar ISC encontré que el Tec era de las pocas universidades, en ese entonces, que tenía la carrera y que sólo en algunos campus del sistema se encontraba como completa. La selección del campus se dio más por la cercanía a mi familia que por algo decidido por mí. Pero esa selección, con el tiempo, demostró ser la mejor.

En ese campus, mientras estudiaba, conocí a profesores que me enseñaron conceptos, estrategias, herramientas, lenguajes y sobre todo descubrí lo maravilloso que es mi carrera. Y sobre todo un deseo de conocer más y más sobre temas que se iban abriendo a mi conocimiento conforme iba avanzado en la carrera.

Un poco más tarde se dio la posibilidad de ser un profesor de la carrera. Les diré que un principio me sentí un poco intimidado. Es mucha la responsabilidad que uno como profesor tiene: formar no solo profesionistas, sino personas. Y de hecho, de vez en cuando, siento este mismo miedo inicial. Pero no es un miedo intimidante, más bien es un miedo que me motiva a aprender más sobre mi carrera y sobre mi profesión de profesor.

Año tras año llegan nuevos alumnos con diferentes expectativas y diferentes formas de ser. Algunos con una meta ya establecida, otros que van descubriendo que es lo que quieren. Algunos adultos en formación, otros son jóvenes en transición. Pero siempre es excitante ver lo ansiosos que están por aprender lo que se requiere para ser un ISC.

Cuando me encuentro al frente de un grupo, mi meta es lograr que ellos adquieran no solo los conocimientos de mi materia. Busco que amen su carrera tanto o más cómo yo la amo. Busco fomentar las habilidades, actitudes y valores que ellos van a necesitar al graduarse.

Y durante este proceso siempre recibo más de lo que he dado. Porque cada alumno tiene algo qué enseñarme. Ellos me han enseñado a ver el mundo de muchas formas diferentes, de aprender de manera diferente, de enseñar de manera diferente. Y esto a su vez, me motiva a mejorar más, para enseñar y aprender más.

Muchas veces he hecho esos ejercicios de: ¿qué hubiera pasado si…? Y lo que más me sorprende es que hay dos factores que no cambian a lo largo de esos ejercicios son mi carrera, ISC, y mi profesión, profesor del Tec de Monterrey.

ISC. Pedro O. Pérez Murueta, Profesor del departamento de Sistemas Computacionales
pperezm@itesm.mx

23/02/2010
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