**Claudia Leal y Horacio Cardiel

Después de semanas de escuchar y leer sólo noticias sobre la influenza humana (¡para lavar el nombre del ganado porcino que tan ricas carnitas nos deja saborear!) vuelven las notas sobre la crisis tan severa que existe en todo el mundo. Hoy en día estamos pendientes del anuncio de la quiebra del gigante de vehículos mundial General Motors. Los comentarios políticos que más han llamado nuestra atención son aquellos que culpan al mal funcionamiento de la economía de mercado de todas nuestras desgracias.

La economía de mercado se basa en las ideas del Escocés Adam Smith (1723-1790) en donde la clave es comprender su concepto de la “mano invisible” que existe en un mercado competitivo. Si hoy en la mañana no llega a la central de abastos uno de los tantos camiones cargados de jitomate, el precio del mismo se mantiene. Si hoy en la mañana un ama de casa decide no comprar jitomates para su comida, el precio sigue siendo el mismo. Este tipo de mercado está formado por tantos consumidores y tantos productores que se encuentra pulverizado de manera que ninguno puede hacer nada para modificar los precios. Con este sistema de mercado se fortalece la idea de que no es necesaria la intervención del gobierno. Adam Smith señalaba que “… debido a que las personas de negocios ahorran e invierten, una vez más por su propio interés (la mano invisible), el capital se acumula y la economía crece. De esta manera la búsqueda del interés propio tiende a producir el bien social”. El resultado de esta conjunción de intereses (consumidores + productores) implica que la intervención del gobierno es innecesaria e inclusive indeseable. Según Smith los gobiernos era “derrochadores, corruptos, ineficientes y otorgadores de privilegios de monopolio, en detrimento de la sociedad como un todo” y señalaba que la intervención del gobierno debía limitarse a tres funciones: proteger a la sociedad de ataques extranjeros, establecer la administración de la justicia y erigir y mantener las obras y las instituciones públicas que para los empresarios no eran rentables.

Hoy en día este sistema de mercado no existe como Smith lo definió en 1776 cuando publicó su obra maestra “La Riqueza de las Naciones” y podemos entenderlo. El desarrollo económico de 1776 a la fecha ha generado empresas de gran tamaño con operaciones más complejas que involucran procesos, tecnología, ingeniería financiera, innovación, diferenciación, etc. que las hacen muy distintas a las que describía Adam Smith. En el mundo de Smith, si una empresa tomaba malas decisiones y estas la llevaban a la bancarrota, el efecto sobre la sociedad era relativamente pequeño e inclusive previsible. Esto dista mucho de lo que pasaría con el posible cierre de las grandes empresas actuales ya que el efecto social ahora no sería tan despreciable e incluso tan previsible. Hoy en día no nos podemos dar el lujo de dejar quebrar un banco, imagínese los efectos de la incertidumbre y el miedo sobre el sector financiero. Esto nos permite entender el porqué ahora es necesaria la intervención del gobierno. Sin bien es cierto que los grandes requieren del apoyo gubernamental, ponemos sobre la mesa las preguntas de: ¿dónde quedan los apoyos para las micro, pequeñas y medianas empresas especialmente en México?, ¿dónde quedan los compromisos de eficiencia y productividad de las empresas que han sido rescatadas?

En los últimos meses hemos visto el cómo los gobiernos rescatan a las grandes empresas y se piensa en el diseño de las regulaciones necesarias que las lleve nuevamente al éxito e inclusive se están poniendo los cimientos de la intervención gubernamental para el futuro. No debemos dejar pasar la oportunidad de incluir a las empresas micro, pequeñas y medianas en estos rescates y en estas regulaciones. Esto se convierte en un tema fundamental en este momento cuando la tasa de desempleo abierto en el país llegó a 5.25 % en el mes de abril según datos del INEGI. En nuestro país, el conjunto de empresas micro, pequeñas y medianas genera alrededor del 70% de los empleos. De ahí la importancia de no olvidar a este sector empresarial.

**Claudia Leal García y Horacio Cardiel Pérez son profesores del Departamento de Mercadotecnia y Negocios Internacionales del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.

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30/09/2009
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