**Dra. Sonia Vázquez Flores

La ciencia biotecnológica en México era prácticamente desconocida para el público general. Sólo unos cuantos saben de los enormes avances y contribuciones de los científicos mexicanos en esta área. Existen investigadores de primera línea que trabajan día a día, en laboratorios conformados con más ilusiones que presupuestos, aún así son altamente competitivos y llenos de recursos mentales para solucionar problemas. Los científicos que se quedan en México después de varios años de entrenamiento, o que regresan del extranjero realizando sus posgrados, trabajan aquí, no por el reconocimiento, ni porqué es fácil, sino porque están convencidos que tienen mucho que aportar desde el país que les dio las oportunidades de estudio.

En momentos de intensidad social como el que estamos pasando, la influenza ha puesto de manifiesto y a la vista pública, no sólo terminología médica en las bocas y oídos de las personas; epidemiología, brote epidémico, mortalidad, diagnósticos definitivos, casos sospechosos y lo más alarmante: cuarentena. Ha permitido observar más de cerca a un equipo de médicos, epidemiólogos e investigadores conformado de una manera eficiente y capaz, colaborando con oficiales de salud de otros países, y tomando decisiones aplaudidas por las instituciones más prestigiosas del mundo.

Es interesante que mientras México estaba en el ojo del huracán, las puertas a nuestros conciudadanos se les cerraron en muchos países, y que se señaló al país como el origen del problema. Se sabe ahora, que hay casos anteriores al de nuestro país, científicamente comprobados y publicados, como los cánones de la ciencia establecen, con reportes en España en 2008. También resulta interesante que para el día 19 de mayo, hubo 5123 casos en Estados Unidos, y 3648 en México, y nadie les cierra las fronteras a los americanos, pese a que no han hecho gran cosa por controlar la dispersión del virus en su país. Es una situación irónica, porque EUA presenta casos en todo el país, mientras en México se restringió a unos cuantos estados, porque la situación fue controlada radical y eficientemente. Surge la pregunta: ¿cuál es la diferencia? ¿Cómo es que se ha distribuido en 40 países? La información está abierta para todo público interesado, se actualiza día a día en páginas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control de Enfermedades (CDC). ¿Será que EUA está cansado del bioterrorismo y el público no reacciona pese a la insistencia de que están en plena epidemia? O simplemente pretenden que no existe para no deteriorar su ya minada economía interna.

No obstante, surgen muchos aspectos positivos en toda esta situación: México recordó lo que sabe hacer muy bien y que mostró en el terremoto de 1985, es solidario para el bien común. Se dieron a conocer los sitios de primer nivel relacionados con la salud, desde las áreas más elevadas en la investigación biotecnológica, hasta la aplicación misma frente al paciente. Todos cerramos filas, todos nos ocupamos.

Esta es una llamada más a fortalecer la ciencia en nuestro país, en creer que lo que se hace en México es para y por el bien de los mexicanos. Que mientras mejor estemos preparados, reaccionaremos más rápido a los caprichos de la naturaleza.

**La Dra. Sonia Vázquez Flores es profesora-investigadora del Departamento de Agronomía del Tecnológico de Monterrey, Campus Querétaro.

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30/09/2009
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